Él paró. La acarició más suavemente y se dio la vuelta para que fuera su cuerpo el que soportase el castigo del suelo.
-¿Mejor así?- preguntó mientras tomaba en sus manos los pechos que se mecían de un modo suave y delicadamente excitante delante de él.
-Mucho mejor- Contestó ella, sonriendo y mirándole a los ojos, buscando un ritmo que les satisficiera a los dos.
Ya encontrado éste, mientras se movían, las pinturas de los lienzos que les rodeaban parecían dar vueltas a su alrededor, los colores se hacían más brillantes, se volvían casi líquidos.
Sus cuerpos trabajaban juntos, inundados de cálidas sensaciones... Y finalmente, ninguno de los dos pudo soportarlo más y todos los colores del universo estallaron en una explosión de luz blanca y brillante.

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